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3.03.2012

Pescaíto: resurgir de las cenizas... y de la grama sintética


Por: Manuel Dueñas Peluffo

Uno de los semilleros históricos del fútbol colombiano intenta salir del estancamiento y volver a dar figuras relevantes.

Se robaba los pollitos. Impune, descaradamente, después de los partidos. Un día lo descubrieron. Los animalitos, que iban en dos maletines, lo delataron. Desde entonces, Édinson González no es Édinson González, sino “Robapollo”. Así, a secas. En el barrio Pescaíto, en Santa Marta, es inútil buscarlo a él, exjugador y primo de Carlos Valderrama, por su nombre real: hay que preguntar por el ladrón.

La cancha La Castellana, ubicada entre las calles 6 y 7 del tradicional sector, es uno de los semilleros históricos del fútbol colombiano. González la recorre, la mira, la ojea. Tiene sentimientos encontrados. Le molestan la reducción del ancho (de 64 metros a 55), los tubos que la encierran, pero afirma que la nueva grama sintética, que está donde antes había arena y polvo, ha desatado un furor: niños de toda la ciudad vienen a jugar.

“¡Esto ha sido una locura!”, afirma González, director de la escuela de fútbol de su primo (antes conocida como Escuela Deportiva Robapollo). “Un lleno total de día, de noche, no se puede entrenar porque los niños se meten por los tubos. A veces no da abasto”.

Y es frente a esa cancha, en la que destaca un letrero absoluto (“Aquí nacen las estrellas”), que González lanza la frase:

“El fútbol samario está en decadencia”.

Por el lugar en que la dice, la sentencia tiene un sentido particular. No deja de ser paradójico que sea pronunciada allí, en esa tierra antiguamente fértil, donde se formó el más grande jugador del balompié nacional. Construido hace más de 50 años, el campo de Pescaíto vio crecer a una generación dorada, pero presencia también, desde hace un tiempo, la historia de un estancamiento.

“Aquí la dirigencia deportiva se murió. Y eso es lo que nos está matando”, admite González, ensayando una explicación. “Cuando de veras se haga un revolcón en la dirigencia deportiva, Magdalena y Santa Marta volverán a los primeros lugares del fútbol colombiano”.

El exmarcador derecho recuerda, con alguna nostalgia, que todos los equipos colombianos tenían un jugador samario y que Júnior, el rival de toda la vida, nunca fue campeón sin uno de la tierra. Los tiempos han cambiado, parece decir González con resignación, y cree que el último valor que salió de la casa fue Erwin ‘Alpinito’ Carrillo, actualmente en el FBC Melgar de Perú.

Y aunque el caos dirigencial es previo, con el descenso del Unión Magdalena, hace ya siete años, los futbolistas de la ciudad se quedaron sin un lugar adonde ir y mostrarse. La opción es salir. “Los dirigentes no le están prestando atención a la juventud, al semillero”, recalca. “Tienen que salir a cualquier ciudad del país, a aventurar, teniendo un equipo, como lo tuvimos nosotros, que era el Unión Magdalena. No teníamos ese problema. Ahora, a los 14 ó 15 años, están tomando vuelo a otras partes, porque acá no hay oportunidades”.

Esa falta de alternativas genera que no pocos talentos se pierdan en el camino. Sin embargo, para González hay un trabajo de base, aunque no sea del todo ordenado. “Aquí cada quien trabaja por su cuenta”, reconoce. “Lo lógico es trabajar unidos, para fortalecer al departamento y la ciudad, pero no se da. Acá las escuelas subsisten porque a uno le gustan. Gracias a Dios, el primo mío está patrocinando la escuela y me da las cosas. Hay otras que padecen, que tienen que cobrar 10 mil pesitos, y ¿cuándo lo pagan los niños?, si por acá en Pescaíto esto es un estrato bajo”.

“No hay estancamiento”

Hay 124 clubes afiliados a la Liga de Fútbol del Magdalena. La gran mayoría, alrededor de 82, son de Santa Marta. Los otros vienen de municipios cercanos, como Ciénaga o Fundación. Sin embargo, el departamento cuenta con un infortunio geográfico, que además empeora con la precaria infraestructura: los otros pueblos (como El Banco o Guamal) son muy lejanos y casi nunca pueden participar de las competiciones.

En cuanto a formación, algunas escuelas son referentes: Unión Magdalena, Juventud Las Américas, Galácticos del Magdalena, Pescaíto Douglas, Pibe Valderrama, José Otero, Minuto de Dios, Forjadores de Campeones.

“No tienen una gran fortaleza económica —afirma Hugo Amador, director ejecutivo de la Liga—. Pero son muy organizados”. Se refiere, por ejemplo, a que casi ningún equipo, por muy malas que sean sus condiciones, va mal uniformado a los partidos. Se empieza ganando desde antes, parece ser la consigna.

“¿Estancamiento?”, se pregunta Amador. Su opinión, en esa medida, es distinta. Cuando menos, tiene otros matices. “No hay estancamiento, salen muchos jugadores. Lo digo porque veo los partidos profesionales y no hay un equipo que no tenga jugadores samarios. Lo que no hay son jugadores relevantes, referentes, como Didí, el Pibe, Antony de Ávila. Jugadores de esa relevancia, hace rato que no salen”, replica.

Para Amador, a pesar de las dificultades, hay un buen trabajo en la base. “Aquí hay una buena formación de jugadores, en las categorías menores se trabaja, tal vez con la limitante de que podríamos tener técnicos mejor preparados”, apunta. La referencia a la capacitación también tiene que ver con que la ciudad, y también el departamento, deberían contar con mejor infraestructuras, empezando con un mejor estadio y mejores canchas.

Cuando se le pregunta por la razón de que no haya samarios relevantes, Amador esgrime dos: la primera es que el jugador se va demasiado joven, sin que pueda terminar de formarse bien; la segunda, que se lo ha mecanizado demasiado, al punto de que la técnica se deja de lado. “Los jugadores, cuando tienen alguna oportunidad, están saliendo de acá. (…) Pero no salen del Unión Magdalena, donde antes todo el mundo jugaba y casi ninguno salía. El que salía, lo hacía como una estrella”, comenta. “Hay más equipos que jugador. Usted ve un niño practicando hoy en día, y no tiene 7 años cuando ya lo paran en el campo. Lo mecanizan mucho. Eso ha quitado mucho la belleza, la habilidad. Los técnicos no han entendido que tenemos que trabajar con lo que tenemos, y definitivamente no somos grandes. Es decir, la base ya no es espontánea, y eso limita mucho. Tenemos que permitirle la lúdica al jugador, que sea espontáneo”.

Al año, calcula Amador, Santa Marta y Magdalena sacan 4 ó 5 jugadores. “Titulares”, aclara él, puesto que hay muchos probándose y haciendo lo que llama “la vuelta a Colombia”: pasar por varios clubes alrededor del país y tener que regresar a Santa Marta. Sin embargo, el dirigente no se llama a engaños. “Nunca hemos sido potencias, sino protagonistas. Aportamos jugadores, y muchos se van temprano, porque les brindan mejores opciones”, analiza.

Y, de hecho, se atreve a apostar por un jugador. “Harlan Barrera Valderrama, que es hijo de un primo de El Pibe. Juega de 10 o de 8, o hasta de delantero. Va a ser una figura si todo le sale bien. Ahora está en La Equidad. Cuando jugaba en la selección Magdalena, era medio equipo”.

La esperanza está. Poco a poco, el semillero puede renacer de las cenizas. O de la grama sintética.


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